Carlos Obregón

Carlos Obregón. (Bogotá, 1929 - Madrid, 1965) Poeta colombiano perteneciente a la generación de la revista Mito. Su personalidad estuvo férreamente marcada por la educación religiosa. Viajó a Estados Unidos, donde culminó estudios de física y matemáticas en la Universidad de Michigan; a su regreso a Colombia, se trasladó a la costa Atlántica para sembrar algodón, y luego fue docente universitario de matemáticas. Antes de residir definitivamente en Madrid, hizo estancias parciales en París, Ibiza y Mallorca, perseguido por las carencias y la soledad.

Su poesía, globalmente breve pero de una sostenida eficacia, podría definirse como la búsqueda casi delirante de sí mismo. Un sentimiento de místico desgarramiento perdura a todo lo largo y ancho de su obra: un erotismo de la salvación y la condena, del ascenso y la caída a través de una última instancia encarnada en la palabra. Sus únicos libros publicados en vida fueron Distancia destruida (1956) y Estuario (1961), reunidos póstumamente con otros poemas inéditos en Obra poética (1985).

François Magendie

François Magendie. (Burdeos, 1783-Sannois, 1855) Fisiólogo francés. Máxima figura de la fisiología del segundo cuarto del s. XIX en Francia, demostró de manera experimental la diferencia entre raíces sensitivas y motoras de los nervios raquídeos. Escribió, entre otras obras, Tratado elemental de fisiología (1816) y Lecciones sobre las funciones y enfermedades del sistema nervioso (1839).

Héctor Laffaille

Héctor Laffaille. (Montevideo, 1883-Buenos Aires, 1956) Jurisconsulto argentino. Fue catedrático de derecho civil y uno de los redactores del proyecto del nuevo Código Civil de 1936. Sus obras más importantes son La paz, base del progreso de las naciones sudamericanas (1903) y Curso de derecho civil. Tratado de obligaciones (1947).

Pío del Río Hortega

Pío del Río Hortega. (Portillo, 1883 - Buenos Aires, 1945) Médico español. Estudió medicina en la Facultad de Valladolid, donde tuvo como primer maestro al histólogo Leopoldo López García, del que fue ayudante y más tarde profesor auxiliar. En 1913 fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios para completar su formación en anatomía microscópica y cancerología en diferentes centros de París y de Londres.

De regreso a España, a comienzos de 1915, trabajó junto a Nicolás Achúcarro en el Laboratorio de Histología Normal y Patológica fundado por la Junta. Antes de su estancia en el extranjero, había estado ya en relación con Achúcarro, que fue su auténtico maestro. Cuando éste falleció prematuramente en 1918, Río Hortega le sucedió en la dirección del Laboratorio. En 1928 fue nombrado, además, jefe de la Sección de Investigación del Instituto Nacional del Cáncer, del que pasó a ser director tres años más tarde.

Río Hortega se exilió poco después de iniciarse la guerra civil de 1936. Durante la contienda trabajó como histopatólogo, primero en el servicio de neurocirugía del hospital de la Pitié de París, que dirigía Clovis Vincent, y luego en la Universidad de Oxford, de la que era doctor honoris causa, junto al neurocirujano Hugh Cairns. En 1940, la Institución Cultural Española de Buenos Aires le invitó a dar un curso parecido al que había dado en la capital argentina quince años antes. Acabó quedándose allí los cinco años que le quedaban de vida, como director de un Laboratorio de Investigaciones Histológicas e Histopatológicas creado por dicha institución.

El punto de partida de la labor de Río Hortega fue la obra de Achúcarro, tanto en el terreno de la técnica como en el conceptual. Comenzó trabajando con el método del tanino y la plata amoniacal ideado por Achúcarro, que fue modificando hasta conseguir cuatro variantes distintas. Una de ellas tenía la ventaja de impregnar selectivamente las estructuras intracelulares, lo que le permitió llevar a cabo estudios citológicos de las neuronas y de la neuroglia.

Para continuar las investigaciones de su maestro sobre esta última, utilizó más tarde el método del carbonato de plata amoniacal que creó en 1918. A partir de esta fecha realizó una serie de trabajos que modificaron por completo los conocimientos relativos a la neuroglia. Hasta entonces se admitía solamente la existencia de dos variedades fundamentales de la misma -la protoplásmica y la fibrosa-, además de unos elementos mal estudiados a los que Santiago Ramón y Cajal había llamado glia adendrítica o "tercer elemento". Río Hortega demostró que en este último había que distinguir dos especies citológicas distintas: la microglia o mesoglia y la glia interfascicular u oligodendroglia.

A lo largo de varios años realizó un completísimo estudio de la morfología, la arquitectonia y la histogénesis de ambos. Estas investigaciones proporcionaron un gran prestigio internacional a Río Hortega, que dio cursos y recibió honores en diversas instituciones científicas europeas y americanas. Grandes figuras, como el norteamericano Wilder Penfield, se trasladaron a Madrid con el fin de trabajar en su laboratorio.

En directa relación con sus investigaciones sobre la neuroglia, Río Hortega completó asimismo los trabajos que Achúcarro y José Miguel Sacristán habían llevado a cabo acerca de la estructura de la epífisis. Entre otras cosas, demostró que los lóbulos epifisarios están formados exclusivamente por neuroglia fibrosa, mientras que los elementos parenquimatosos o pinealocitos están localizados en los espacios interlobulares (1923).

La histopatología de los tumores generados en el sistema nervioso fue el principal tema de investigación de Río Hortega en el Instituto Nacional del Cáncer. Le consagró media docena de trabajos, el más importante de los cuales fue el dedicado a la tipología de los gliomas y paragliomas de acuerdo con la distinta madurez de sus elementos celulares (1932). Aunque renovadora, su aportación a este capítulo no tuvo tanta repercusión como sus estudios en torno a la glia. Desde su laboratorio en Buenos Aires, Río Hortega realizó todavía otra importante contribución: demostrar el carácter neuróglico de las células satélites que envuelven a las neuronas de los ganglios sensitivos y del sistema nervioso vegetativo. La equiparación de dichos gliocitos a la oligodendroglia fue la culminación de su obra sobre la glia nerviosa.

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